Vivir y morir alquilando
Había una vez una pareja relativamente joven que soñaba con comprar su propia casa. No una lujosa, ni a estrenar, ni en ningún barrio vip, simplemente una casita, modesta, aunque fuera”a reciclar”.
Los dos trabajaban todo el día y después estudiaban creyendo en que un título algún día les serviría para algo. Casi no se veían, ni tenían vida, pero ahorraban cada centavo para llegar por lo menos a un anticipo. Pero, el país donde residía esta pareja era muy “dinámico” sobre todo en lo que respectaba al aspecto económico, y cada vez que lograban juntar algo en su caja de ahorros, el Ministro de Economía de turno se encargaba de que tuvieran que gastarlo para sobrevivir a las crisis.
Al principio la joven pareja hacía planes a futuro, planeaban no casarse ni tener hijos hasta haber comprado su casa o, por lo menos, conseguido el prestamo que pagarían por los próximos 30 años.
Con el pasar del tiempo se cansaron de esperar y dejaron de tener miedo a la llegada de un hijo, así fué como llegó a sus vidas un pequeño angelito más dulce que todo el dulce del mundo y más hermoso que ningún paisaje conocido.
Al principio la pequeña familia sobrevivía gracias a la ayuda incondicional de amigos y familia, siguieron trabajando todo el día y ambos se morían de tristeza viendo pasar los días de su pequeño angel tirado dentro de una cuna en un “depósito de chicos”. Para colmo de males, la cuota de éste depósito era casi tan alta como el sueldo que la mamá ganaba por trabajar allí, la situación era ya desesperante.
Por suerte, bien dicen que los niños vienen con un pan abajo del brazo, el papá consiguió un trabajo mejor, la mamá pudo quedarse en casa a cuidar a su hijo y pudieron mudarse a un departamento un poco más grande, siempre alquilando.
Pero aún así, seguían sin reunir las condiciones para acceder a un préstamo hipotecario, entonces la mamá quiso volver a trabajar, pero ninguna escuela tomaba a una maestra con un hijo, porque es sabido que los chicos se enferman, las mamás faltan y la escuela pierde plata pagando suplentes, entonces se conformó haciendo suplencias en escuelas municipales, no muy bien remuneradas.
El tiempo pasaba, cada vez tenían menos de todo, lo que se rompía no se reponía porque se negaban a tocar sus escasos ahorros. Pensaban negocios alternativos, trabajos desde casa, reventa de cosas o lo que fuere que les ayudara a reunir esa gran cantidad de dinero que el Banco les solicitaba.
Así continuó la vida de esta pequeña familia, de una supuesta clase media que ya no existe, no en este país.
No sé muy bien que pasó luego con ellos, hay varias historias paralelas: unas hablan de que el papá murió de un ataque de presión, la mamá se hizo prostituta y el niño fué a vivir a la casa de Gran Hermano, otras que la mamá murió en manos del padre de un alumno porque lo dejó sin recreo, el papá se volvió a casar con una mujer de 80 años multimillonaria y pudo comprarse la casa, y otra, la que creo más real, que dice que papá y mamá siguieron usando su imaginación para soñar un futuro donde su hijo tuviera un techo propio, mientras continuaban pagando el bendito alquiler y seguían ahorrando en todo, excepto en las esperanzas…
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