Mariana Lima

Itatí contra el mundo

La Odisea

El domingo a la mañana, día de la madre, Maty se despierta y me pide algo de tomar, le sirvo Villa del Sur manzana, toma dos tragos, sale apurado al baño y vomita todo…algo le habrá caído mal, pensé.

Vuelve a la cama le da otro traguito al vaso y vuelve a vomitar como si hubiese tomado cuarenta litros de agua, se acuesta y se duerme, duerme horas, y yo pienso: que puede haberle hecho  TAN MAL???, mejor llamar al médico.

Llega la pediatra, lo revisa (dormido), Maty ni  contesta lo que la doctora le pregunta, apenas abre los ojos y se duerme. La Dra. nos dice que le demos reliverán, si después de tomar eso sigue sin tolerar ni una cucharadita de agua había que llevarlo directamente a una guardia. Le damos el reliveran y sigue durmiendo. No se porqué pero sabía que eso no iba a resolver nada, aún así había que intentar…

A las cuatro horas de haber tomado reliverán Maty despierta (a medias) y me pide sopita, le doy algunas cucharadas y nuevamente empieza a vomitar pero ahora peor que antes y afloja piernas y brazos como diciendo “me rindo”. En ese momento Dany y yo nos miramos y sabíamos que algo estaba muy mal, que no era una simple descompostura.

En el momento Dany sale a buscar un taxi (porque como siempre que lo necesitas no hay remis) y yo preparo todo lo necesario para “internar” a Maty, sabía que lo iban a dejar internado. Y mientras miraba la ropa que guardaba en la mochila trataba de convencerme: “esta ropa la llevo por las dudas, porque no la va a necesitar” y mientras mis ojos no me creían y chorreaban lágrimas a lo pavo.

Llega Dany con el taxi, subimos y Maty sigue dormido, vomita y duerme.

Llegamos a la Suizo Argentina y la médica nos hace pasar, revisa a Maty, el ni se entera. Ella le habla, Maty no contesta. A pesar de los intentos de calmarnos de la doctora diciéndonos que no estaba muy deshidratado porque tenía la boca con saliva y demás signos tranquilizadores, era obvio que la preocupaba su estado de somnolencia absoluta.

La doctora sale de la sala, nos pide que esperemos. Vuelve y nos informa que Maty queda internado, que le tienen que poner suero para ver si responde. Aunque nos la veíamos venir fue una piña en el estómago terminar de comprobar que Maty estaba en un estado que escapaba a nuestras manos.

Primero le dieron una inyección intramuscular, después entran dos enfermeras a colocarle el suero y por muy impresionables que soy,  ni mi pánico a las agujas ni Dios me sacaban de su lado mientras invadían su cuerpito de esa forma.
Para colmo de males, al estar deshidratado sus venas estaban frágiles y lo tuvieron que pinchar en tres lugares distintos hasta que la aguja quedó firme. Mientras lo pinchaban yo le contaba cuentos de “el chancho barato” (sus preferidos) para distraerlo y el, en cada pinchazo apretaba los ojitos y respiraba ondo conteniendo el llanto y las quejas como si en lugar de tener 4 años tuviera 18 y se creyera muy grande para llorar… yo sentía que se me partía el corazón, literalmente, sentía un dolor en el pecho que me quemaba hasta la espalda. El veneno de tragarme la impotencia de pensar: “soy SU mamá y no hay nada que pueda hacer para evitarle todo esto”, me odié tanto, me sentí tan inútil!!!!

El resto de la noche fué esperar, la doctora nos dijo que a la mañana iba a despertar recuperado por las dos bolsas de suero que le colocaron simultaneamente y, sin poder dormir ni 5 minutos, esperamos a ver que Maty abriera los ojos y nos dijera: vamos a casa!

Pero llegó la mañana y pasó… se acercó el mediodía y la doctora y nosotros nos dimos cuenta de que las dos bolsas de suero no habían logrado nada, Maty seguía sin hablar, ni abrir los ojos, ni nada. Entonces le sacaron sangre para ver que estaba pasando y yo sinceramente no podía creer que fuera cierto que a Maty le estuviera pasando todo esto, a mi bebé a mi angel…y yo parada ahí sin poder hacer nada, un sana sana o una curita no lo iban a curar, estaba fuera de mi alcance que el mejorara y juro que es la peor sensación que alguna vez sentí.

Los médicos decidieron cambiarlo de habitación le pusieron 3 bolsas más de suero y lo conectaron a una máquina que le medía el ritmo cardíaco. Se perdía tan chiquito en esa cama blanca y fría de sanatorio, quería agarrarlo y llevarmelo corriendo a casa y curarlo con una aspirineta, pero sabía que esas máquinas raras y ruidosas que lo rodeaban eran tan horribles como necesarias. Así que solo quedaba seguir mostrando mi mejor sonrisa y buen humor para que el, cada vez que abriera los ojos, sintiera que estaba todo bien.

Unas horas más tarde Maty empezó a despertarse, a mirar a su alrededor como si recién llegara a la clínica, se miró la manito con el suero y con ojitos desorientados nos preguntó: ¿cuando nos vamos a casa?. El alivio de verlo reaccionar se veía opacado por el miedo de una recaída, de que su estómago siguiera sin tolerar nada y por el resultado de los exámenes de sangre que todavía no estaban.

Pero al rato llegó la doctora, dijo que el hemograma estaba perfecto, que solo quedaba esperar que el suero hiciera efecto para ver si podía IRSE A CASA!!!!!!!!!!.

Entonces llegó el abuelo que al abrir la puerta y ver a su nieto todo enchufado envejeció 10 años en 1 minuto. Pero se puso su mejor careta de alegría y tranquilidad y empezó a animar a Maty con mimos, chistes y palabras de aliento. A los 5 minutos llegó la Abu otra que se recibió de actriz para disimular el hachazo al corazón que recibió al abrir la puerta.  Inmediatamente se calzó los anteojos sobre los ojos húmedos y continuó los cuentos que yo había empezado, no sin antes mandarme a comprar más, todos los que fueran necesarios para alejar a Maty al menos mentalmente de su desagradable situación.

Al pasar las horas Maty estaba cada vez más despierto y a la vez más angustiado al empezar a entender lo que estaba pasando. Gracias a Dios la doctora llegó con la mejor noticia: si toleraba líquido, una tostadita o un poco de yogur, le daba el alta!

Por supuesto que el Kapo de mi hijo toleró todo y le puso fin a esta odisea en la que volvió a demostrar una valentía y una templanza ante las situaciones difíciles que supera todo razonamiento.

Recién hoy me decidi a escribir esto porque quiero que quede atrás, al volcarlo en este post lo convierto en recuerdo, en un hecho que ya pasó, en noticia de ayer. En mi post de mañana la noticia será lo bien que está Maty, lo increíblemente rápido que se recuperó y lo feliz que estoy de volver a verlo tal y como es: mi bebé grande y fuerte, lleno de fuerza y  rebozante de alegría.

Octubre 25, 2007 - Publicado por Mariana | Documental | | 1 comentario

1 comentario »

  1. Por un momento me puse en tu lugar
    (como pude) y no pude evitar llorar.

    Valiente es Maty, pero también vos, dany,
    sus abuelos… Que bueno que pasó todo.

    Comment por Verox | Noviembre 6, 2007 | Responder


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