Mariana Lima

Itatí contra el mundo

El último año

Había una vez una maestra que había pasado la mayor parte de su historia docente encerrada en una especie de campo de concentración educativo, que venía a ser el colegio privado al que había regalado tantos años de trabajo.
La exigencias absurdas del lugar, la falta de interés en los chicos y sus necesidades, la vidriera dibujada para los padres, la imposibilidad de lograr en los chicos ningún tipo de aprendizaje ante la falta de tiempo para desarrollar contenidos por ocuparse obligatoriamente de lo puramente asistencial: que el nene se vaya peinadito y limpio, que el vasito esté bien lavado, etc. etc. En fin, todos los factores que la hacían sentir que sus estudios sirvieron para nada y que la docencia había perdido su razón de ser, o al menos, la que ella le había adjudicado siempre.
Por necesidad seguía trabajando allí esta maestra, era muy triste reconocerse pasando los días solo para esperar recibir el sobre que pagaría el alquiler y algún que otro servicio. Cada día más resignada esta maestra, se replanteaba su vocación, a la vez que se disipaba su entusiasmo por la misma profesión que alguna vez la había apasionado.
Pero un día una mejora económica la liberó del cumplimiento de esa condena y con la más grande sonrisa que entraba en su boca se despidió del lugar y, pensó, de su profesión también.
Pasó un tiempo y la maestra no pudo con su genio, se anotó en el distrito de su barrio y comenzó a hacer suplencias, algunas cortas, otras más largas, rebotando de escuela en escuela a capricho del sistema.
Pero un buen día, sonó el teléfono de su casa y la noticia de una nueva suplencia, corta, muy corta, le pareció una gota más en un vaso agujereado… pero estaba equivocada.
Y se volvió a equivocar cuando entró en aquel jardín, llenísimo de maestras y pensó que sería como el lugar del que venía: un enjambre de personas compitiendo por el protagonismo, empujando a la de al lado para sacarla de la carrera y pisoteando cabezas para quedar bien con el jefe. Sintió mucho miedo esta maestra, se arrepintió de haber dicho que si, creyó que caía otra vez en lo mismo… pero solo unos pocos minutos la hicieron volver sobre sus pensamientos.
Las personas a su alrededor se acercaron a darle la bienvenida cada una con su personalidad única, pero todas con una sinceridad tan clara que ella las vio transparentes.
La integraron de inmediato como si hubieran trabajado juntas toda la vida, le ofrecieron sus carpetas como guía, sus consejos, su experiencia y sus conocimientos con la humildad de quien siempre está dispuesto a enseñar, pero también a aprender.
Escucharon las ideas de esta maestra, las aceptaron, desde el principio la tomaron tan enserio como a una docente antiquísima del jardín.
Pero la suerte de caer en este soñado clima de trabajo no fue acompañada por la salud de esta maestra, que en el transcurso de 3 años se hizo socia vitalicia de algunos quirófanos y más tarde, en busca de lo más hermoso, conoció lo más horrible.
Y no es fácil enfrentar a un grupo de alumnos con el cerebro empujando al corazón para que siga latiendo, las ganas son nulas y la debilidad abate.
Pero entonces volvió a sentir la fuerza de ese motor que siempre llevó al jardín adelante, pero que ahora la impulsaba a ella. Las llamadas constantes, los mensajes de apoyo, la preocupación y la compañía de sus compañeras, sus amigas, hicieron que volver a trabajar fuera la cura, que estando en el trabajo ella estuviera en casa…
También pasó al revés, algunas de sus compañeras pasaron momentos donde hasta la moral más fuerte se derrumba y ella se sumó al motor para darle impulso ahora a quien lo necesitaba.
Lamentablemente el sistema no contempla estas cosas, muchas de las mejores maestras del lugar tuvieron que irse para seguir trabajando, otras felizmente permanecerán en el tanto como lo deseen y algunas más, como nuestra maestra, están transitando con melancolía este último año junto a estos seres que conoció hace tres años casi por azar y que hoy forman parte de su vida más allá de lo laborar, que ocupan un espacio permanente en su historia.
Esta maestra decidió este año disfrutar plenamente, no darle importancia a cosas que no la merecen y dedicar su energía a vivir este último año de trabajo junto a las mejores compañeras que tuvo, extrañando a las que emigraron y celebrando la felicidad de quienes quedan, en especial la de una de ellas, que hoy tiene el más hermoso motivo para ser feliz.
A todas y a cada una, esta maestra quiere agradecerles por el compañerismo, la AMISTAD, el apoyo incondicional, el cuidado, la escucha, las risas, los llantos, los abrazos, los secretos, el humor, la sencillez, la humildad y la calidad de personas que demostraron ser.
Esta historia tendrá un final abierto, no se sabe como termina, nadie sabe que escribirá el próximo año, la única conclusión que puedo darles es que de las cosas hermosas que me regaló esta profesión USTEDES FUERON LO MEJOR.

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marzo 5, 2011 - Publicado por | Uncategorized

4 comentarios »

  1. Faa me hiciste llorar desgraciada jaja

    Comentario por mariaveronicalima | marzo 6, 2011 |

  2. JAJAJA me pintó la melancolía con 10 meses de adelanto….

    Comentario por Mary | marzo 6, 2011 |

  3. Econtre este sitio buscando una poesia para la maestra jardinera ya hace un tiempo, me gusto leer lo que escribias. Me sorprendio que ya no lo hacias con frecuencia. Y hoy leo este nuevo mensaje, sigue luchando con Alegria, la vida duele, pero nos hace seguir buscando, a pesar de todo, la felicidad. Mucha fuerza!!!

    Comentario por Alicia | marzo 10, 2011 |

  4. Gracias Alicia! que bueno es saber que lo que uno siente y escribe le llegue de manera positiva a alguien. Me hicieron muy bien tus palabras! Un beso grande

    Comentario por Mary | marzo 10, 2011 |


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