Una desgracia con suerte
Hoy, que justamente estuve escribiendo sobre los miedos de madre y sobre esa necesidad de sentir que mientras esté a mi cuidado nada puede pasarle, me viene a pasar lo que me pasó:Estaba metiendo las empanadas en el horno, cuando siento que Maty abre las puertas del mueble blanco que tengo en la cocina. Como es ahí donde guardo platos, vasos, fuentes, tasas y demás cosas de vidrio, le dije que no jugara con ese mueble que se le podía caer encima y… no termino de decirle ésto, que -obediente como siempre- vuelve a abrir las puertas, pero ésta vez tan fuerte que el mueble se le fué encima. En uno de esos movimientos inconcientes, reflejos condicionados de maestra jardinera y mamá, logré atajar el mueble y enderezarlo antes de que se le cayera de plano en el medio de la cabeza, no evitando por esto, que cayeran al piso TODOS los platos, vasos, tasas y demás vajilla contenida en el mismo, estallando al unísono alrededor de su cuerpito que -por el Dios que tiene aparte- resultó sin un rasguño.
Creo que mi grito de espanto se escuchó hasta en la Patagonia y que Dany con su salto desde la computadora a la cocina (sin tocar el suelo), batió las mejores marcas de salto en largo, Maty salió corriendo y llorando a los gritos con un ataque de nervios hasta su cama y ahí se quedó llorando hasta que se durmió, ni las palabras de consuelo de su papá ni las mías lo pudieron calmar, Lisa (mi perra) se fué meando desde la cocina hasta la pieza de Maty y permaneció debajo de la cama por lo menos una hora, los pobres peces que tengo en la cocina quedaron paralizados, ni nadan, yo digo que sufrieron muerte cerebral, jeje. En fin, por un instante la casa fué zona de catástrofe, pero en lugar del Katrina, fué a causa de “el Matías”…
Bueno, gracias al cielo ahora lo cuento cómo una anécdota casi graciosa, pero en el momento se me vino el mundo abajo, cuando lo ví paradito inmóvil y con el aparatejo cayéndole encima se me pasó por la mente lo peor y, todavía ahora, me cuesta creer lo barato que la sacamos.
Debo reconocer que todavía estoy temblando y aún me arden los ojos de llorar, porque soy una maricona innata, y que el recuerdo de esa imagen de Maty a punto de ser aplastado contra el piso pasará a formar, al igual que cuando cayó por la escalera, una de mis más frecuentes pesadillas, en fin, me río por no llorar jajajajaja!
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